Letra
Hoy, ayer y por los siglos Es Dios fuerte, padre eterno, Es nuestro consejero //Digno de honra y de la gloria El todopoderoso//.
//oh, oh, oh, oh, oh, oh, oh//. Subamos a adorar al rey de reyes hoy Invoca su Nombre que es Jesús Levantando manos santas con gozo y alegría Subamos a dorar al gran rey.
Letra de Jesucristo Es El Mismo – Canción cristiana de adoración
Jesucristo Es El Mismo es una canción cristiana de adoración cuyo autor es desconocido, pero que ha impactado a muchas congregaciones por su mensaje profundo y bíblico. Esta alabanza, incluida en el álbum Jesucristo Es El Mismo, se ha convertido en un himno de fe y esperanza, recordándonos la inmutabilidad de Cristo y su poder eterno.
Significado de la letra de Jesucristo Es El Mismo
La letra de Jesucristo Es El Mismo resalta una verdad fundamental: Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos. Esta declaración, basada en Hebreos 13:8, nos invita a confiar plenamente en el carácter inmutable de nuestro Salvador. La canción enfatiza que Jesús es Dios fuerte, Padre eterno y nuestro consejero, digno de honra y gloria.
“Hoy, ayer y por los siglos, es Dios fuerte, padre eterno, es nuestro consejero.”
El mensaje central es que, sin importar las circunstancias, podemos acercarnos a adorar al Rey de reyes con gozo y alegría, sabiendo que su poder y amor nunca cambian.
Mensaje espiritual y devocional de la canción
Esta canción cristiana nos anima a elevar nuestras manos y corazones en adoración, reconociendo la soberanía de Jesús. Al invocar su Nombre, experimentamos su presencia y fortaleza. La invitación a “subir a adorar” es un llamado a la comunidad cristiana a buscar a Dios con sinceridad y gratitud.
“Subamos a adorar al Rey de reyes hoy, invoca su Nombre que es Jesús.”
Reflexión final sobre Jesucristo Es El Mismo
En tiempos de incertidumbre, recordar que Jesucristo es el mismo nos llena de esperanza y seguridad. Esta música de adoración nos motiva a confiar en su fidelidad y a rendirle toda la gloria. Que esta canción fortalezca tu fe y te inspire a adorar a Cristo cada día, sabiendo que Él nunca cambia.

