Letra
Jesucristo curó mis heridas Jesucristo pagó mi condena Jesucristo me ha dado la vida Jesucristo rompió las cadenas Que me hacían esclavo del mundo Del pecado y de las tinieblas Coro Ser un hijo de Dios es la cosa más bella Que le puede pasar a un hombre en la tierra Su poder y su amor, y la vida eterna Para mi es mejor, para mi es mejor Que alcanzar una estrella Ser un hijo de Dios, ser un hijo de Dios Es la cosa más bella II Con Jesús ahora vivo tranquilo No hay problema que él no resuelva Ya no hay diablo que pueda conmigo Ni gigante que yo no lo venza Y en tu nombre señor Jesucristo Los demonios a mí me respetan
Letra de Ser hijo de Dios - Desconocido
Ser hijo de Dios es una canción cristiana que ha tocado el corazón de muchos creyentes. Aunque el autor es desconocido, su mensaje de esperanza y libertad en Cristo resuena en congregaciones y grupos de adoración. Esta melodía se ha convertido en un himno de fe, recordándonos el poder transformador de Jesucristo.
Significado de la letra de Ser hijo de Dios
La letra de Ser hijo de Dios destaca la obra redentora de Jesucristo, quien cura heridas, paga condenas y rompe cadenas. El autor expresa cómo el amor de Dios libera del pecado y las tinieblas, permitiendo vivir una vida plena y tranquila. El coro enfatiza que ser hijo de Dios es la mayor bendición, superior a cualquier logro terrenal.
Ser un hijo de Dios es la cosa más bella que le puede pasar a un hombre en la tierra.
Este mensaje invita a reflexionar sobre la identidad y el valor que tenemos como hijos de Dios, motivando a vivir con confianza y gratitud.
Mensaje espiritual y reflexión devocional
La canción cristiana Ser hijo de Dios nos recuerda que, en Jesús, no hay problema imposible de resolver ni enemigo que pueda vencer. El poder y la autoridad de Cristo nos permiten enfrentar desafíos con fe. Esta música de adoración inspira a la comunidad cristiana a confiar plenamente en el Señor.
Con Jesús ahora vivo tranquilo, no hay problema que él no resuelva.
En conclusión, la letra de Ser hijo de Dios es una invitación a experimentar la libertad y el amor de Dios. Que cada creyente pueda reconocer el privilegio de ser llamado hijo de Dios y vivir cada día bajo su gracia y protección.

