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Desconocido

Una zarza en el monte no dejaba de arder

Actualizado: 12 de febrero de 2026

Letra

//Una zarza en el monte no dejaba de arder// Ese fuego era la Gloria, la presencia del Señor //Ese fuego quiero que arda dentro mi corazón//

///Fuego///, fuego que no se apaga, ///Fuego///, fuego celestial, //Fuego que sacia el alma, fuego que purifica, Fuego que santifica dentro de mi corazón//.

Una zarza en el monte no dejaba de arder - Canción cristiana

Una zarza en el monte no dejaba de arder es una canción cristiana de adoración que ha impactado a muchas congregaciones. Aunque el autor es desconocido, su mensaje sigue vigente en la música de adoración y alabanza. Esta melodía es interpretada en reuniones y cultos, invitando a la reflexión sobre la presencia de Dios.

Significado de la letra de Una zarza en el monte no dejaba de arder

La letra de Una zarza en el monte no dejaba de arder hace referencia al relato bíblico de Moisés y la zarza ardiente, símbolo de la presencia y gloria de Dios. El fuego que no se apaga representa el deseo de experimentar la santidad y el poder divino en el corazón del creyente. Esta canción cristiana invita a buscar una relación más profunda con Dios, anhelando que su fuego arda en nuestro interior.

Ese fuego era la Gloria, la presencia del Señor
Ese fuego quiero que arda dentro mi corazón

Mensaje espiritual y devocional

El mensaje espiritual de esta música de adoración es claro: solo el fuego celestial puede saciar el alma y purificar el corazón. La canción motiva a los oyentes a pedir a Dios que su presencia transforme y santifique sus vidas. Es un llamado a vivir en comunión y a mantener encendida la llama de la fe.

Sobre el autor y contexto

El autor de Una zarza en el monte no dejaba de arder permanece desconocido, pero su legado continúa en la adoración cristiana. No se conoce el álbum original, pero la canción ha sido adoptada por diversas comunidades, convirtiéndose en un himno de búsqueda espiritual.

En conclusión, la letra de Una zarza en el monte no dejaba de arder nos recuerda la importancia de anhelar la presencia de Dios. Que este fuego celestial arda siempre en nuestro corazón, guiándonos a una vida de santidad y adoración.

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